Cuentos de Brujas para Brujas


La Teckushina
Relato tradicional narrado por Nonita la abuela


Cuentan por ahí que en México en el estado de Hidalgo muy cerquita de la su capital Pachuca existe un pueblito muy hermoso rodeado por bosques, cerros y hermosas montañas llamado "Omitlán".

Este pueblito esta inmerso en la espesura de los bosques y fue famoso en algún tiempo por sus curanderas y Brujas, mujeres que ganaron fama y respeto entre los habitantes por ser grandes sanadoras, conocedoras de hierbas medicinales y venenos letales, tal renombre lograron con sus prácticas que por algunas décadas fue conocido como "Omitlán tierra de Brujas".

Actualmente el pueblo es más famoso por sus peñascos para escalar, por sus bosques, flores, manzanas y nueces que por la magia de sus mujeres.

Entre los relatos más comunes de este lugar existe uno muy curioso donde se cuenta que a la salida del pueblo vivió hace muchos años una mujer conocida como la Teckushina, su casita ubicada dentro del bosque hacía muy dificil el acceso a verla, sin embargo ella visitaba el pueblo con frecuencia, las personas la saludaban y trataban con respeto y cuando tenían algún mal iban con ella para que los sanara.

Un día un campesino quiso atravesar el bosque cuando la noche ya estaba cayendo, se le había hecho tarde en su parcela cuando empezó a subir de regreso al pueblo, muy temeroso por la oscuridad que en el bosque es mucha recordó que la casa de la curandera estaba muy cerca y pensó que no habría problema si le pedía posada por esa noche, sin titubear un momento siguió el sendero observando la casita de adobe a poca distancia muy contento por que pronto descansaría.

De repente dentro de la casa salió volando una bola de luz como el fuego, que elévandose hacia la montaña comenzó a brillar en lo alto chocando con un costado del cerro rebotándo hacia el otro lado, asustado por la rápidez de la luz cerró los ojos y cuando volvió a ver hacia arriba, la bola de luz roja comenzó a "brincar", de una peña a otra.

Sorprendido, el hombre se alejó corriendo y le contó a la gente lo que había visto, comprendiendo entonces que la anciana curandera era también una Bruja, de esas de las "que sí vuelan".

A la misteriosa mujer se le siguió viendo en el pueblo y la gente seguían visitándola siempre y cuando fuera de día, propios y extraños aprendierón a evitar el camino de la montaña por la noche sólo por precaución.

Sin embargo este espectáculo tan especial aún hoy en  día se puede ver si tienes suerte en las laderas de las montañas o cerros cercanos a Omitán. Todos en el pueblo aseguran que son Brujas que volando van y que alegres brincan de roca en roca, "prendiéndose y apagándose", en sus vuelos nocturnos.

Brujas, luces o destellos de las minas cercanas, relatos así dan vida a nuestras leyendas locales. No dejémos de relatarlas a los más pequeñitos.